Qué hacer ante las deudas por préstamos estudiantiles


Experto brinda consejos para antes y después de incurrir en esta obligación económica.

Después de lanzar hacia arriba los birretes y ser declarados graduados, los ahora exalumnos se topan con un nuevo reto, el de pagar los préstamos estudiantiles con los que costearon gastos relacionados a sus estudios universitarios.

Para evitar problemas relacionados a estos préstamos -que pueden ser privados u otorgados por el Departamento de Educación federal-, Jorge Cardona, gerente de Operaciones de Consumer Credit Counseling, ofrece varios consejos para antes y después de incurrir en este tipo de deuda.

Antes de tomar un préstamo estudiantil:

1. “En Consumer le recomendamos al estudiante que está vislumbrando tomar un préstamo estudiantil a evaluar si en efecto no hay otra alternativa para pagar los estudios”, sostuvo Cardona. Entre esas opciones están las becas, ya sean las otorgadas por el gobierno federal o por otras instituciones, así como el estudio y trabajo en la universidad.

2. “Es importante evaluar qué voy a estudiar y en dónde”, dijo en referencia a que un grado arquitectura en alguna universidad de Puerto Rico puede ser más económico –y por consiguiente generar una deuda menor- que estudiar lo mismo en una institución del Ivy League. “Si deseo, por ejemplo, estudiar un bachillerato en trabajo social o sicología en Madrid, puedo toparme con que no podré generar suficientes ingresos para costear las deudas y debo proseguir estudios graduados”, dijo.

3. “Una vez determino que no hay otra alternativa o que aún con las becas me quedo corto, debo ser lo más juicioso posible y no tomar una cantidad mayor a la que realmente necesito”, enfatizó el gerente. Esto, para evitar que el alumno salga con una deuda tan onerosa que sea demasiado difícil de saldar.

Después de tomarlo:

1. Si la persona ya terminó de estudiar y está por comenzar a pagar los préstamos estudiantiles, “necesita hacer un análisis presupuestario para determinar si tiene un sobrante o un déficit. Si hay déficit, tiene las opciones de aumentar sus ingresos, reducir sus gastos o reestructurar sus deudas”, sostuvo Cardona. “Si tiene un sobrante, debe determinar cuánto puede ir abonando a esa obligación”.

2. Quien tenga el dinero y la disciplina para así hacerlo, en vez de abonar sólo el pago mínimo mensual, puede realizar pago y medio o dos pagos cada mes. “Si la persona es disciplinada y puede consistentemente llevar esa estrategia de hacer pago y medio o dos pagos cada mes, puede reducir la vida del préstamo a la mitad”, sostuvo Cardona.

3. Al decidir qué deudas saldar primero, se debe evaluar las tasas de interés y los balances adeudados de cada cuenta. “Si tengo un préstamos estudiantil al 4.29% de interés, pero tengo una tarjeta de crédito al 16%, sería más sensato pagar más rápido la tarjeta. Sin embargo, si debe $1,000 de préstamo estudiantil y $20,000 de tarjeta, tal vez sea más factible salir primero de la deuda menor.

4. Entre las alternativas para quienes enfrentan dificultades para pagar sus préstamos está el ‘Revised Pay As You Earn Repayment Plan’, lanzado por el Departamento de Educación federal a finales del año pasado y en el que el pago mensual se calcula a base del 10% del sueldo del prestatario. “Es una opción que a ‘prima facie’ se ajusta a mi realidad económica”, apuntó el gerente. “El problema es que se extiende la vida de esa obligación. Al pagar menos voy a tardar más en saldarla, pero si 20 años después aún no he pagado todo lo adeudado por concepto de bachillerato, o 25 años en el caso de estudios graduados, me condonan la diferencia”.

5. Si ni siquiera puede pagar el 10% de su ingreso, puede solicitar un diferimiento (aplazamiento de pago) o un ‘forbearance’ (suspensión temporal de cobro). El primero puede solicitarse cuando se está desempleado, en servicio militar activo o estudiando al menos medio tiempo en alguna universidad. Si es por desempleo, durante seis meses a tres años la persona no tiene que pagar el préstamo, que en ese periodo no acumulará intereses si es subsidiado por el gobierno federal.

6. El ‘forbearance’, en cambio, permite reducir sus pagos mensuales o dejar de realizarlos durante un período de hasta doce meses, tiempo en el que los intereses del préstamo seguirán acumulándose. Puede solicitarse por dificultades económicas o enfermedad seria que dificulte hacer los pagos.

7. Dado que los préstamos estudiantiles federales suelen otorgarse a razón de uno por cada año académico, un alumno al graduarse puede tener cuatro o más préstamos distintos, que pueden ser consolidados a solicitud del estudiante. “Entre los pros está que, como solo es un pago mensual, me enfoco en esa cantidad en la que agrupé todos mis préstamos”, resaltó el gerente. Antes de consolidar hay que estar atento a las tasas de interés de esos préstamos y la tasa que aplicaría luego de la consolidación. Esto porque los tipos de interés de los préstamos estudiantiles federales suelen cambiar todos los años. “Ahora el interés está bajito y si al terminar de estudiar los intereses subieron, consolidar tal vez no sea lo más prudente”, apuntó.

El gerente de operaciones de Consumer resaltó la importancia de pagar el préstamo estudiantil o comunicarse con la entidad acreedora en caso de no poder cumplir con esta obligación, ya que es una de las pocas deudas que, salvo ocasiones excepcionales, no puede descargarse en caso de una quiebra. Además, no cumplir puede perjudicar el crédito y provocar que otras entidades le nieguen a la persona servicios tales como hipotecas, tarjetas de crédito o préstamos de auto.

Cardona añadió que Consumer cuenta con seis sucursales en Puerto Rico y una en Orlando, Florida, en las que hay al menos un consejero certificado por la National Foundation of Credit Counseling como experto en préstamos estudiantiles. En las sucursales, por $30, se ofrecen orientaciones sobre el tema.

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