Los dilemas vocacionales de los abogados

Mañana juramentaremos más de 200 abogados recién revalidados. Tratándose de una profesión tan estereotipada, la noticia es capaz de generar entusiasmos y desprecios a la misma vez. Quizás por eso algunos entraremos al Centro de Bellas de Artes de Guaynabo con dilemas vocacionales irresueltos.


El primero es el dilema personal. Las motivaciones para entrar a la profesión son variadas. Hay, sí, aspiraciones profesionales, económicas y políticas, pero también nociones de lo justo, curiosidades intelectuales, legados familiares, deseos de ser relevantes, aires de grandeza, y otras más. Estas se entrelazan en nuestro interior sin que sea fácil distinguir aquella que dicta la pauta.


El segundo es algo así como uno gremial. Como en cualquier otro quehacer profesional, hay rutas jurídicas variadas. La entrada en esta subcultura nos lleva a cuestionarnos si colocaremos nuestras capacidades al servicio de las fuerzas que reproducen el orden vigente, de las pequeñas trincheras con mirada crítica y reformista, o de una práctica legal más modesta sin pretensiones de trascender.


El tercero podríamos llamarlo el dilema sociocultural. La abogacía ejemplifica muy bien las culturas de la sociedad contemporánea que condicionan nuestras vidas. Por eso el prestigio y la estabilidad económica, como símbolos de éxito, se pulsean en nuestras conciencias contra las alternativas valorativas que nos proponen el servicio, la búsqueda de conocimiento y el arte.


Al enfrentar estos dilemas, no basta reflexionarlos. Necesitamos referentes que nos ayuden a vislumbrar cuál sería una ruta vocacional digna de perseguir. En este proceso, encuentro un referente en el abogado, poeta y profesor Efrén Rivera Ramos, a quien la Academia Puertorriqueña de Jurisprudencia y Legislación casualmente distingue esta semana como académico de número.


Los que hemos tenido oportunidad de seguirle la pista notamos que, en una profesión susceptible de tantos vicios, alcanza la mencionada distinción sin abandonar las virtudes humanas más importantes, el compromiso con las causas comunes y la pasión por el pensamiento y la poesía. Así, ha sido capaz de encarar sus respectivos dilemas y modelar para muchos esa vocación mayor de vivir.


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